Los Dos Pilares Innegociables para la Salud Mental de Nuestros Hijos, Según la Dra. Lorena Quintana
La Dra. Lorena Quintana, en su conferencia sobre «Familia y Construcción de la Salud Mental», enfatizó que la manera en que pensamos, sentimos y nos comportamos se moldea desde la infancia y adolescencia, y que esta construcción se cimienta sobre dos pilares que son las dos caras de una misma moneda: la demostración de amor y la puesta de límites. Este enfoque es crucial para comprender cómo podemos forjar adultos emocionalmente sanos e independientes.
Primer Pilar: La Demostración de Amor y Calidez.
La calidez paternal es fundamental, pero va más allá de un simple afecto físico. Implica que los padres sean una imagen de cómo comportarse. Por ejemplo, si un niño está enojado o irritable, la calidez exige que el adulto mantenga la calma; si el adulto grita o golpea objetos durante un conflicto, el niño aprende que esa es la forma de comportarse ante el disgusto.
La demostración de amor también se traduce en un conocimiento profundo del niño. Un padre que desarrolla calidez conoce los sentimientos, los dones, los talentos y los sueños de sus hijos. Es crucial acompañar a los hijos en el desarrollo de aquello en lo que son buenos, entendiendo que «todos somos buenos en algo».
Este acompañamiento es vital porque, según un estudio realizado por la Dra. Quintana, ocho de cada diez adolescentes (de 10 a 14 años) en Uruguay manifestaron no sentirse amados y aceptados por sus padres. Este dato es alarmante y puede explicar los graves conflictos que enfrentan los jóvenes, incluyendo las altas cifras de intentos de autoeliminación en la franja de 15 a 19 años.
Segundo Pilar: La Importancia Vital de los Límites y las Reglas.
El segundo pilar es la puesta de límites, reglas y normas. Aunque a veces los padres temen decirle «no» a sus hijos, la realidad es que las reglas dan seguridad. El cerebro necesita seguridad para poder florecer y avanzar.
La Dra. Quintana compara los límites con las líneas blancas de una carretera: cuando se conduce de noche y a oscuras, esas líneas indican el camino seguro. Para un niño, en el «no» está implícito el mensaje: «me importas, te quiero, me preocupo por ti».
Para que un límite sea efectivo, el adulto debe:
1. Ser un ejemplo: El adulto no debe romper la misma norma que está imponiendo (e.g., si se prohíben los celulares en la mesa, el adulto no puede mirar Instagram).
2. Tener paciencia: Especialmente para los límites que son hábitos (como lavarse los dientes), la repetición constante es necesaria hasta que el niño lo haga solo.
3. Reconocer la emoción antes que la orden: Poner límites con autoritarismo puede generar rebeldía. Es fundamental reconocer el sentimiento de frustración del niño (e.g., «Yo sé que es aburridísimo juntar los juguetes, pero hay que juntarlos»).
Existen límites negociables (como el horario de salida un sábado), pero hay límites que nunca deben franquearse: la violencia y las drogas. El grito y la violencia son formas de maltrato y no deben ser utilizadas, ya que en una pelea entre padres e hijos «no gana nadie».
La Construcción del Adulto Independiente.
La adolescencia es la etapa final de maduración cerebral, específicamente la región prefrontal, que culmina cerca de los 20 o 25 años. Durante esta etapa, la emoción es mucho mayor que la razón y el control de los impulsos está inmaduro.
La meta de la crianza es lograr que los hijos pasen de ser totalmente dependientes a totalmente independientes. Los padres tienen aproximadamente 20 años para «entrenar a sus hijos para la vida».
Para lograr la independencia, el adolescente debe vivir las consecuencias de sus actos. Si un hijo olvida la cartulina para la escuela o la merienda, los padres no deben «sobrevolar» para solucionarlo. Debe aprender a manejar la frustración, ya que «la vida está llena de frustraciones».
Comunicación en la Adolescencia y Desafíos Emocionales.
En la adolescencia, los jóvenes manifiestan necesitar ser escuchados. Para lograr la comunicación, es esencial generar momentos fuera de la rutina del hogar (como ir juntos a hacer un mandado).
Si un adolescente decide hablar, el adulto debe practicar el silencio sin sermones, sin caras de juicio y sin sacar el celular. La Dra. Quintana advierte que los adolescentes a menudo dicen lo que piensan, pero no lo que sienten. Por ello, si dicen «no vayas al partido», en realidad necesitan que el adulto esté presente, aunque sea lejos.
La conferencia también abordó las enfermedades más comunes:
• Depresión: Se caracteriza por la anhedonia (la pérdida de placer). Alguien deprimido no disfruta de la comida, el descanso o las relaciones, y prefiere quedarse quieto. La depresión puede deberse a haberse quedado «trancado» en una etapa de duelo no resuelta, como una pérdida o una traición, que impide a la persona cumplir su propósito de vida.
• Ansiedad: Es «prima del miedo» y acumulativa. El cuerpo no puede discriminar si la amenaza es real o si solo se está pensando en el peor escenario (la «visión túnel»). La persona teme tanto a lo que pueda pasar que no logra vivir tranquila.
La Esperanza de la Neuroplasticidad
Finalmente, la Dra. Quintana ofrece un mensaje de esperanza basado en la neuroplasticidad, que es la capacidad del cerebro de volver a moldearse. Aunque se hayan vivido situaciones difíciles en la niñez o adolescencia que generaron una forma de pensar y sentir inadecuada, el cerebro puede sanar. Para ello, necesita una persona o un entorno que brinde seguridad, buen trato, que sea sensible a sus necesidades y reaccione ante ellas.