El Arte de Volver: Joaquín Sánchez Mariño y la Cruda Realidad del Periodismo de Guerra
Para muchos, el periodismo de guerra es una mezcla de adrenalina y deber cívico. Para Joaquín Sánchez Mariño, periodista y escritor argentino, es un enamoramiento que nació de una renuncia. Tras dejar la comodidad de una redacción tradicional, Joaquín decidió que no necesitaba inventar mundos, sino contar el que ya habitamos con todas sus complejidades.
De la literatura al frente de batalla
Aunque su sueño inicial era la literatura, influenciado por una familia de gran bagaje intelectual y un bisabuelo que fue traductor de Borges, la «vena de acción» de su padre —excombatiente de Malvinas y Casco Azul— terminó por marcar su camino
. Su carrera independiente despegó en 2019, cuando financió su propia cobertura de la crisis en Venezuela, descubriendo que «todo era contable» si se estaba en el lugar de los hechos.
El peligro en el terreno: Logística y «Fixers»
Cubrir una guerra no es solo cuestión de valentía, sino de una logística impecable. Joaquín relata que hoy cuenta con un «setup» profesional que incluye desde teléfonos satelitales hasta cuentas de redes sociales falsas para pasar desapercibido en dictaduras como la de Libia.
Sin embargo, ni la mejor preparación evita el peligro extremo. En Ucrania, un error de un fixer (productor local) casi le cuesta la vida cuando un mortero cayó a metros de su vehículo en un checkpoint. «Nada más sospechoso que el silencio», recuerda sobre los momentos previos al ataque.
La «culpa del sobreviviente»
Quizás el aspecto más revelador de su testimonio es lo que sucede al regresar. Sánchez Mariño describe la dificultad de reintegrarse a una sociedad que parece ignorar el sufrimiento ajeno. «Me costaba estar alegre porque siento que soy un traidor», confiesa, refiriéndose a la angustia de dejar atrás a las personas cuyas tragedias acaba de narrar.
Esta «culpa del sobreviviente», un rasgo que comparte con los veteranos de guerra, lo llevó a buscar terapia especializada para entender que celebrar la vida no es un acto de superficialidad, sino parte del proceso de sanación.
El miedo como faro.
A pesar de las secuelas emocionales, su motor no se detiene. Con la mirada puesta en futuras coberturas en Cuba, Haití, Irán y Afganistán, Joaquín sigue eligiendo estar donde ocurren los sucesos globales
.
Para los jóvenes que aspiran a seguir sus pasos, su consejo es contundente: amigarse con el miedo
. Para él, el miedo no es un obstáculo, sino un faro que indica que el camino elegido tiene valor y sentido.