La Chispa: El fútbol como motor de transformación y esperanza en el INISA
Para muchos, el fútbol es simplemente un deporte, pero para un grupo de jóvenes del Instituto Nacional de Inclusión Social Adolescente (INISA), es la oportunidad de volver a nacer.
Bajo el nombre de Club Social y Deportivo La Chispa, estos jóvenes han encontrado en la Liga Universitaria un espacio donde el brillo de sus sueños se mantiene encendido, incluso en las situaciones más difíciles
Un proyecto que trasciende la cancha La Chispa no es solo un equipo de fútbol; es el resultado de un convenio entre la Liga Universitaria y el INISA, con el apoyo del programa Pelota al Medio a la Esperanza.
Para competir en la tercera división de la categoría sub 20, los jugadores deben cumplir con requisitos estrictos que fomentan su desarrollo personal: tener conducta ejemplar y haber aprobado al menos una materia de educación secundaria en los últimos dos años.
Disciplina y rutina: El camino a la libertad La vida en el Centro Granja (parte de la Colonia Berro) se ha transformado con este proyecto.
Los jóvenes mantienen una rutina ordenada: se levantan a las 9:00, organizan sus espacios, desayunan juntos y, tres veces por semana, una camioneta los traslada a los entrenamientos.
Como dice Lucas, uno de los líderes del equipo, entrar a la cancha le permite «desconectarse de todos los problemas» y valorar el compañerismo.
Identidad y valores El nombre «La Chispa» surgió del consenso entre el cuerpo técnico y los jugadores, representando ese «brillo que no se apaga» que todos llevan dentro.
Más allá de los goles, el objetivo fundamental es humano.
En las prácticas y partidos, se entrenan la motivación, el estudio y la responsabilidad.
Alexander, delantero del equipo, destaca que allí aprendió el verdadero significado del compañerismo, algo vital para su proceso de reinserción.
El rugido de la hinchada y la revancha de la vida Los sábados de partido son el momento más esperado. Entre charlas, música y nervios, los jóvenes viajan para encontrarse con su identidad como futbolistas.
En las tribunas, sus familias —como Marta, madre del golero— los apoyan con orgullo, viendo en el deporte una segunda oportunidad para salir adelante.
Al final de cada encuentro, aunque las esposas apiladas a un costado recuerdan su realidad legal, en el césped son libres.
Como bien resume el espíritu del proyecto: el fútbol les da un propósito y, sobre todo, siempre da revancha