La Generación Ansiosa: Por qué la infancia basada en el teléfono está afectando la salud mental
En su reciente libro La generación ansiosa, el psicólogo social Jonathan Haidt plantea una metáfora inquietante: es como si hubiéramos permitido que un empresario tecnológico se llevara a nuestros hijos a crecer a Marte, sin ser conscientes de los riesgos irreversibles que esto conlleva.
Según las fuentes, este «viaje a Marte» representa la transición de una infancia basada en el juego a una infancia basada en el smartphone, un fenómeno ocurrido entre 2010 y 2015 que ha transformado la conciencia humana.
El fin del juego libre y el auge del «metaverso social» Históricamente, el juego libre —sin supervisión de adultos— funcionaba como una «vacuna» que preparaba a los niños para los contratiempos de la vida.
Sin embargo, desde la década de 1980, la creciente percepción de inseguridad llevó a los padres a limitar la autonomía de los niños en el mundo real. Irónicamente, mientras se cerraban las puertas de la calle, se abrieron de par en par las del mundo virtual.
La Generación Z es la primera en atravesar la pubertad con un «portal en sus bolsillos» que los aleja de sus allegados para llevarlos a un universo adictivo e inestable.
Los datos que arrojan las fuentes son contundentes:
- El tiempo no estructurado con amigos cayó precipitadamente desde 2010.
- Las tasas de autolesiones en adolescentes estadounidenses aumentaron un 188% entre 2010 y 2020.
- El uso «casi constante» de internet entre adolescentes pasó del 24% en 2015 al 46% en 2022.
Un cerebro aún en desarrollo El impacto es especialmente grave porque los algoritmos de las redes sociales enganchan a los jóvenes en etapas vulnerables de su desarrollo cerebral. La corteza frontal, responsable del autocontrol y la resistencia a las tentaciones, no alcanza su plenitud hasta los 25 años.
Al estar «absorbidos» por el teléfono, los jóvenes pierden la capacidad de estar plenamente presentes, generando un estado de ansiedad constante por lo que sucede en el entorno digital.
Cuatro pasos para recuperar la salud mental Haidt asegura que todavía estamos a tiempo de revertir esta epidemia de fragilidad y ansiedad mediante cuatro reformas fundamentales:
- Retrasar el smartphone: No entregar teléfonos inteligentes antes de comenzar el liceo. Si la comunicación es necesaria, optar por modelos básicos sin internet.
- Redes sociales a partir de los 16: Esperar a que pase la etapa más vulnerable de la pubertad antes de permitir el ingreso a plataformas como TikTok o Instagram.
- Escuelas sin teléfonos: Establecer políticas donde los dispositivos se guarden en la entrada o en estuches bloqueables durante toda la jornada escolar para fomentar lazos de amistad verdadera.
- Recuperar la independencia: Fomentar el juego sin supervisión, ya que es la forma natural en que los niños adquieren habilidades sociales y reducen la ansiedad.
El desafío, según las fuentes, no es solo individual sino colectivo. Para que los niños no se sientan aislados, es vital que los padres y las comunidades se coordinen para implementar estos cambios y devolver a los adolescentes al mundo real.