El Doña Paz y el Infierno que Superó al Titanic
La Maldición del Cambio de Nombre.
En el mundo de la navegación, existe una vieja superstición: barco que cambia de nombre es candidato al desastre. El «Doña Paz» nació en Japón en 1963 como Himeyuri Maru. Tras ser vendido a la empresa filipina Sulpicio Lines, fue rebautizado como Don Sulpicio, nombre bajo el cual sufrió su primer gran incendio en 1979,. En un desafío a la suerte, la empresa lo reparó, amplió su capacidad y lo volvió a bautizar, esta vez como «Doña Paz».
Una Noche de Negligencia y Silencio.
La noche de la tragedia, el ferry navegaba hacia Manila en plena temporada navideña,. A pesar de la enorme responsabilidad, el buque no tenía equipo de radio, al igual que el petrolero «Vector» con el que chocaría.
Las investigaciones posteriores pintaron un cuadro de negligencia absoluta:
• Tripulación distraída: Mientras el ferry avanzaba, se dice que los oficiales bebían cerveza o veían televisión, e incluso el capitán estaba en su camarote viendo una película,.
• El «Vector» en ruinas: El petrolero operaba sin licencia, sin capitán calificado y con el timón averiado, lo que lo obligaba a navegar en zigzag,.
• Sobrepoblación extrema: Aunque la capacidad oficial era de unas 1.500 personas, se estima que esa noche viajaban más de 4.000, muchos de ellos con boletos ilegales o «de cortesía» que no figuraban en los registros,.
El Mar en Llamas
Tras el impacto, un millón de litros de petróleo y nafta se derramaron, incendiando no solo los barcos, sino la superficie del agua,. Los sobrevivientes describieron una escena dantesca donde los pasajeros debían elegir entre morir quemados en la cubierta o saltar a un mar de fuego,. No hubo órdenes de evacuación, y los chalecos salvavidas estaban bajo llave.
El Saldo del Olvido
Aunque inicialmente se intentó minimizar la cifra, años de investigaciones y reclamos judiciales establecieron un total de 4.385 muertos,. Esta cifra supera por tres a las víctimas del famoso Titanic,. De las miles de personas a bordo, solo 26 lograron sobrevivir para contar la historia,.
Recién en abril de 2019, el buque de investigación RV Petrel localizó los restos de ambas naves a más de 500 metros de profundidad, descansando en el silencio del fondo marino, lejos del fuego que las consumió hace casi cuatro décadas.