El ataque a la fragata Antelope: Crónica del terror en el «Callejón de las Bombas»
El 23 de mayo de 1982, en el marco de la Guerra de Malvinas, se llevó a cabo una operación militar que quedaría grabada en la historia por su espectacularidad visual y su saldo trágico. En lo que los británicos denominaron el Estrecho de San Carlos, la aviación argentina sembró el terror en una misión que los propios almirantes ingleses calificarían como parte de la batalla aeronaval más relevante desde 1945.
La Escuadrilla «Nene» y el vuelo hacia el peligro.
La misión partió de la base de Río Gallegos con una formación cerrada debido al mal clima
. La escuadrilla estaba integrada por el capitán Pablo Carballo, el primer teniente Luciano Guadagnini, el teniente Carlos Rinke y el alférez Hugo Gómez.
Equipados con bombas de mil libras, los pilotos volaron a escasos metros del agua para evitar ser detectados, con el objetivo de atacar blancos de ocasión en la bahía.
El sacrificio de Luciano Guadagnini
Durante el fragor del combate, los pilotos se repartieron los blancos. Mientras Carballo y Gómez se dirigían hacia la fragata Antelope, Guadagnini y Rinke viraron para atacar la Broadsword.
El avión de Guadagnini fue alcanzado por fuego desde el buque y desde tierra, dañando su ala derecha. A pesar de lograr enderezar la máquina momentáneamente, terminó impactando contra el mástil de la nave y estrellándose en el mar.
La bomba que arrojó antes de caer se alojó en la cámara de suboficiales de la Antelope, matando a un tripulante, pero sin detonar inicialmente.
El estallido que partió al buque en dos.
La fragata Antelope quedó seriamente averiada con dos bombas argentinas sin estallar en su interior.
Fue trasladada a Bahía Ajax para intentar desactivar los artefactos. Sin embargo, durante las tareas de los especialistas en explosivos, una de las bombas detonó, matando al sargento Jim Prescott y desatando un incendio incontrolable que se propagó por tres cubiertas.
El fuego finalmente alcanzó el depósito de misiles Sea Cat, provocando una explosión tan potente que la nave se partió literalmente en dos, hundiéndose al día siguiente.
La fotografía de la explosión, capturada por Martin Cleaver, se convirtió en una de las imágenes más icónicas del conflicto, simbolizando la amenaza constante que representaban los aviadores argentinos para la flota británica.
Este enfrentamiento no solo demostró el coraje de los pilotos, sino que consolidó el respeto de las fuerzas internacionales hacia la Fuerza Aérea Argentina, cuyos ataques sorpresivos mantuvieron en vilo a la corona británica durante toda la contienda.