Evaluar Distinto: La Urgencia de Cerrar la Profunda Brecha entre Aprobar y Aprender
Por Darío Álvarez Klar*
La tendencia en los resultados educativos de nuestra región es innegablemente preocupante: una gran cantidad de estudiantes no logra consolidar aprendizajes y habilidades básicas en áreas fundamentales como Matemática y Prácticas del lenguaje. Esta situación ha manifestado diferentes expresiones, desde las discusiones sobre exámenes universitarios resueltos con inteligencia artificial en Uruguay hasta los resultados de la última Prueba Aprender en Argentina.
Lo que emerge detrás de estas cifras no es solo un problema estadístico, sino una brecha profunda entre lo que se enseña, lo que se evalúa y lo que realmente aprenden los jóvenes.
La Realidad de la Brecha.
Las cifras nos ayudan a dimensionar el problema. Por ejemplo, el informe «Índice de Resultados Escolares: comparación entre países de América Latina», basado en encuestas de hogares y las pruebas PISA de 2022, reveló que solo 36 de cada 100 alumnos de 15 años en Uruguay alcanza los contenidos en tiempo y forma.
A esto se suman datos como el porcentaje de repetición global en educación común en Uruguay, que se ubicó en 2% (un punto por encima de 2023). Además, casi el 20% de los estudiantes egresa con al menos un año de sobreedad, producto de experiencias de repetición acumuladas a lo largo del ciclo.
El riesgo principal de sostener una lógica donde se avanza sin haber aprendido es que los estudiantes quedan con «boletines llenos y mochilas vacías» de herramientas y experiencias. Esto debilita profundamente su futuro personal, académico y laboral, ya que muchas veces no están preparados cuando se enfrentan a situaciones que demandan autonomía y conocimientos.
Repensar la Evaluación: Un Nuevo Paradigma.
La pregunta clave ya no es solo qué más hay que hacer, sino cómo repensar la evaluación como una parte intrínseca del aprendizaje. El sistema educativo debe seguir en revisión, impulsado por la necesidad de incorporar nuevas tecnologías y modelos de acreditación más flexibles.
Necesitamos instalar definitivamente un nuevo paradigma. Este modelo concibe la evaluación no solo como una instancia de medición, sino como un ejercicio de resolución, contrastación y trazabilidad de datos que permite definir estrategias de enseñanza y aprendizaje tanto individuales como colectivas.
Los modelos más actuales mueven el foco del resultado al proceso. Esto implica:
1. Observación Continua: Monitoreo constante del avance del estudiante.
2. Autoevaluación y Coevaluación: Prácticas que promueven la participación activa de los alumnos en la comprensión de sus propios avances, fomentando la autonomía y la reflexión.
3. Rol Docente Transformado: El maestro adopta un rol más observador, analítico y orientador.
Evaluar, en este sentido, se convierte en sostener un diálogo constante entre quien enseña y quien aprende.
La Evaluación como Herramienta de Crecimiento
Asumir la evaluación como una parte significativa y eficaz del proceso de aprendizaje significa entender que evaluar no es solo calificar, sino construir aprendizaje.
Esto se logra cuando:
• Los criterios son claros y compartidos.
• Se recogen evidencias diversas.
• Se ofrece retroalimentación constante que guía el camino.
Evaluar implica acompañar, revisar, corregir y volver a intentar, entendiendo el error como parte del proceso y no como un final.
Si transformamos cada instancia de evaluación en una herramienta de crecimiento, y no en un juicio definitivo, estaremos más cerca de cerrar la brecha que revelan las estadísticas.
Cuando la evaluación acompaña, enseña. Y, fundamentalmente, cuando se evalúa para aprender, también se cuida el futuro.
*Darío Álvarez Klar es fundador de la Red Educativa Itínere y director ejecutivo de HUB Educación e Innovación. (Este artículo está basado íntegramente en los párrafos a del texto proporcionado).