Cuidar sin matar: bioética, cuidados paliativos y el debate de fondo frente al final de la vida
El debate sobre el final de la vida suele presentarse en la esfera pública bajo una simplificación tajante: o se prolonga el sufrimiento mediante la obstinación médica o se recurre a la eutanasia como salida compasiva. Frente a este dilema binario, el rabino y doctor en Filosofía Ética Fishel Szlajen presentó su obra Cuidar sin matar. Fundamentos bioéticos, jurídicos e institucionales, fruto de tres años de investigación orientada a brindar herramientas normativas y conceptuales para legisladores, jueces, médicos y funcionarios.
La tesis central de la publicación sostiene que la verdadera respuesta humanitaria ante el dolor extremo no radica en provocar deliberadamente la muerte, sino en garantizar un acompañamiento integral: cuidar sin ensañarse, aliviar el sufrimiento sin matar y permitir morir sin abandonar.
La adistanasia: desmitificando la falsa dicotomía
Uno de los aportes axiales del texto es la distinción precisa entre tres planos de actuación médica: la obstinación terapéutica (distanasia), la eutanasia y la adistanasia (o permitir morir).
Szlajen argumenta que rechazar la eutanasia no implica avalar el encarnizamiento terapéutico. Cuando una intervención pierde finalidad curativa y solo dilata una agonía penosa, la ética clínica exige la adecuación del esfuerzo terapéutico:
- Retirar o no iniciar tratamientos desproporcionados o fútiles.
- Desobstruir los mecanismos artificiales que interfieren con el proceso natural de la muerte.
- Permitir que el desenlace ocurra como consecuencia de la patología subyacente, manteniendo siempre la analgesia y los cuidados básicos.
Frente a sufrimientos refractarios donde los tratamientos convencionales resultan ineficaces, la práctica médica contempla la sedación profunda paliativa para abolir la percepción del dolor, sin que ello signifique una acción u omisión dirigida a causar la muerte.
Cuidados paliativos: la deuda estatal previa al atajo legislativo
Durante la presentación del libro en el salón Emar Acosta del Senado —que contó con las intervenciones de la enfermera Clara Cullen (jefa de Cuidados Paliativos del Hospital Tornú), el doctor Gustavo de Simone (director de Pallium Latinoamérica) y Juan Bautista González Saborido (director de Organismos Internacionales del Senado)— se puso el foco en la brecha entre la legislación vigente y la cobertura real de salud.
Los especialistas advirtieron que:
- Efectividad clínica comprobada: Los cuidados paliativos administrados por equipos interdisciplinarios neutralizan hasta el 95% de las solicitudes de adelanto de la muerte, evidenciando que el paciente busca erradicar el sufrimiento incontrolable y no su propia existencia.
- Déficit presupuestario: En la práctica, la cobertura efectiva de la Ley de Cuidados Paliativos apenas alcanza al 15% de la población que los requiere por falta de asignación de partidas presupuestarias.
- El precedente judicial: Se citó el caso resuelto por la Suprema Corte de la Provincia de Buenos Aires respecto a Marcela Ludueña (paciente postrada durante siete años), donde la justicia remarcó que las falencias estatales en proveer alivio y asistencia representaban una desatención casi tan dañina como la propia dolencia.
En este marco, promover la legalización de la eutanasia antes de garantizar el acceso universal al tratamiento del dolor configura un «fast track» o atajo peligroso que traslada a la persona vulnerable el costo de las deficiencias del sistema sanitario.
La pendiente resbaladiza y el rechazo a los eufemismos.
Szlajen analizó los proyectos parlamentarios presentados en Argentina, señalando problemas de técnica legislativa, indefinición de controles y afectación de la objeción de conciencia. A su vez, alertó sobre el fenómeno de la «pendiente resbaladiza» documentado a nivel internacional, donde marcos regulatorios inicialmente concebidos para casos excepcionales y extremos se expanden progresivamente hacia menores de edad, personas con afecciones de salud mental o cuadros no terminales.
Asimismo, cuestionó el uso recurrente de giros idiomáticos en el debate público —como calificar a la eutanasia de «interrupción voluntaria de la vida» o «asistencia al bien morir»—, afirmando que el empleo de eufemismos busca suavizar la gravedad institucional de convertir el acto de provocar la muerte en una prestación de salud. En concordancia con los pronunciamientos de la Asociación Médica Mundial, el autor concluye que el mandato hipocrático de no maleficencia y acompañamiento ético permanece inalterable: cuando ya no es posible curar, el deber indelegable de la medicina sigue siendo cuidar.